1ª ÉPOCA "TENEBRISTA Ó ESPELEOLÓGICA" (1980 / 1988)
Dado el periodo acotado de este primer estilo de mis pinturas, anterior a la era digital, sin redes sociales que las pudieran difundir o promocionar, estos días pretendo hacer una serie donde mostrar una selección de obras de esta primera época en Facebook e Instagram.
Quiero acompañarlas de un breve texto explicativo, para entender cómo y de qué manera surgió cada una de ellas, puesto que estas obras, todas en colecciones privadas hoy en día, son prácticamente desconocidas.
Procuraré hacerlo con una periodicidad continuada en el tiempo, para mantener la atención de mis seguidores en las dispersas, fugaces redes sociales... he aquí las dos primeras obras:
Considero estas dos pequeñas tablas como iniciadoras de mi producción artística con estilo propio. Todo lo que hice anteriormente sólo fueron balbuceos de un largo aprendizaje autodidacta. Datan del año 1980. Constituyen paisajes imaginarios, irreales, compuestos de elementos heterogéneos y simbólicos, algunos de los cuales se repiten en ambas obras.
Como fondo, un gran sol medio escondido tras el horizonte, irradia su energía sobre los seres de los distintos reinos de la Naturaleza mineral, vegetal y animal. Pero en las composiciones abundan las paradojas. En la primera versión, serpientes anilladas se enraizan en tierra, se arraciman y engendran vástagos como vegetales, mientras que en la segunda, se mueven con libertad como ofidios acuáticos en las aguas del lago.
En el primer cuadro hay un cactus anillado que carece de espinas y otros esféricos y albinos. La rana, el elemento más realista que lo protagoniza, en la segunda versión aparece sumergida, mostrando sólo la parte superior de su cabeza. Junto a ella, en posición central, un grueso árbol sumerge sus raíces en el agua.
El tronco está inspirado directamente en un boceto realizado poco tiempo antes, en un viaje aventurero a pie (con mochila y saco de dormir a cuestas), por la Sierra de las Nieves, en aquel tiempo deshabitada y desierta. Aparte de los majestuosos pinsapos, el boceto representaba, entre otros, los impresionantes quejigos de montaña, huecos, cubiertos irregularmente de sedoso y oscuro musgo, que reproduje en la pintura.
Sin embargo, en consonancia con el ambiente irreal que pretendía crear, la copa del árbol, con sus hojas palmeadas y flores, recuerda mejor a las del castaño. Por ese mismo camino de irrealidad, las colinas del fondo están coloreadas de un ficticio verde botella oscuro, y bajo ellas, los árboles de la orilla del lago se amarillean, otoñales, sin ninguna coherencia estacional.